LA ESCUELA PRIMARIA EN ASTURIAS (pp. 172-174)
Ángel Mato Díaz
Dir Prov Asturias 1992
6.2.2.3. Las Escuelas temporeras y de Maestros Babianos.
Las áreas de media y alta montaña en Asturias presentaban una forma de escolarización adaptada a la dura realidad circundante como es la escuela temporera. La mayor parte de la región asturiana se extiende por zonas de montaña con relieves abruptos y fuertes pendientes abiertas por la capacidad erosiva de la red fluvial. La climatología rigurosa, con un régimen de precipitaciones acuosas y níveas regular e intenso, dificulta aún más las comunicaciones haciendo intransitables los caminos por el barro y por la nieve. Además, unas actividades económicas únicamente agropecuarias y un hábitat disperso generan multitud de entidades de población (pueblos, aldeas, caserías, lugares, brañas) con escasas posibilidades de relación. En estas áreas no existían escuelas nacionales y las que había distaban varios kilómetros, y también horas, de los núcleos habitados, por lo que la asistencia infantil era muy reducida.
Por todo ello, aparecieron, ya a finales del siglo XIX, escuelas temporeras que funcionaban desde noviembre hasta marzo en las pequeñas aldeas de las zonas altas o en las brañas, con la finalidad de aprovechar los meses fríos de invierno para dar un mínimo de conocimientos básicos a niños y muchachos. Estas escuelas fueron llamadas temporeras, o de temporada o invernales, y surgieron en los concejos montañosos asturianos, limítrofes con León, sobre todo en los municipios de Cangas de Narcea y Tineo. La enseñanza se daba en las casas de la aldea, por turno o eligiendo la más adecuada, o en el pórtico de la iglesia, utilizando cualquier libro para la lectura y en bancos aportados por los propios alumnos. Los profesores eran también gentes del mundo rural, habituados a las dificultades de la vida campesina, con escasos conocimientos culturales y sin título oficial, pero con el hábito de enseñar a leer basándose en métodos repetitivos y memorísticos, que eran denominados maestros porque ejercían función de tales. Unas veces se les llamaba maestros "babianos" por su procedencia mayoritaria de las comarcas leonesas de la Babia y las Omañas, otras simplemente "maestros sin título"; en Tineo se les conocía como "lazariegos" y en Villablino con el apodo "catapotes", por la práctica de comer cada día en una casa. Las primeras noticias escritas que tenemos de las escuelas temporeras proceden de FERMÍN CANELLA:
"Otro tanto aconteció y sigue en concejos montañosos y apartados de Asturias con estas escuelas temporeras. Los vecinos, ya por escote o con auxilio municipal, buscan y pagan a un "maestro", que suele ser un rapaz aprovechado, un licenciado del ejército, un habilitado con certificado de aptitud, etc., que enseña a leer un poco y a escribir mal, más las cuatro reglas aritméticas. En algunas partes los vecinos mantenían por semanas al flamante profesor; la enseñanza era de sol a sol y por la noche había clase general de doctrina cris tiana; reportando utilidad evidente en esta región de población diseminada a gran distancia y con caminos difíciles al sitio de la pobre escuela" (15).
Las referencias posteriores sobre estas escuelas se trasladan al tema de los maestros, sobre todo a la sorprendente tradición de la feria de los maestros babianos, la de Gera (Tineo) y la de Lete, y al carácter temporal y satisfactorio de su actuación, como vemos en los textos de A. J. ONIEVA y LUIS BELLO (16). BELLO, sobre todo, insistía en que, más que una deplorable leyenda, estas escuelas constituían una buena muestra de la lucha contra la ignorancia por parte de los sectores más aislados y abandonados por la sociedad, cuyos maestros "no dejan de cumplir un elevado fin". La tradición de las ferias de maestros existía también en el sur de Francia, donde los maestros exhibían también varias plumas como símbolo de su capacidad pedagógica: una pluma significaba que podían enseñar a leer, dos a leer y escribir, y tres plumas que además conocían los rudimentos de la aritmética (17).
Las escuelas temporeras eran corrientes en muchas zonas montañosas como una práctica habitual, al margen de las citas literarias, sobre lodo en los concejos grandes como Cangas de Narcea y Tineo. En Cangas de Narcea aparecen numerosos maestros en los libros de sesiones del municipio que solicitaban "poner escuela en invierno" y una subvención municipal. En 1923 registramos la existencia de 13 maestros subvencionados con cantidades que van desde 125 pts. (sólo uno), 50 pts. (seis) y 25 pts. el resto (l8). Pero el número de escuelas temporeras debía de ser muy superior, ya que en los años siguientes fueron financiadas algunas de las anteriores y otras nuevas, resultando en total cerca de treinta. La pervivencia del sistema de escuela temporera queda patente en el Informe del Delegado Gubernativo de Cangas de Narcea, que aludía también a las ferias de maestros:
"Este inconveniente se viene evitando con personas que dedican los inviernos a enseñar lo poco que saben mediante un contrato con los vecinos. Hay anualmente dos ¡ferias de maestros! de estos remedos de maestros, que la mayor parte proceden de la próxima región leonesa de las Babias" (19).
También, a lo largo de los años treinta, subsistieron las escuelas de temporada en Cangas de Narcea. Aunque las creaciones de los años de la República fueron numerosas, 45 en todo el período, todavía se mantuvieron otras 36 escuelas particulares invernales, subvencionadas por el Ayuntamiento. En Tineo también se detecta la existencia de muchas escuelas temporeras, pero carecían de subvención municipal por lo que no conocemos con exactitud su número. El propio Delegado Gubernativo del concejo reconocía que no se les podía denegar la autorización de funcionamiento porque eran el único remedio ante la escasez de escuelas. Durante los años treinta funcionaron más de 20 escuelas de maestros babianos según el "Proyecto de Pueblo Infantil de Tineo" (20), un plan de concentración escolar con internado que analizaremos posteriormente. Luarca mantuvo ayudas para 22 escuelas de maestros particulares localizadas en las brañas interiores del concejo.
En otros muchos municipios hubo escuelas temporeras aunque en número más reducido. Tanto en la zona oriental y occidental se detecta, de forma imprecisa, la existencia de ellas y hasta en el centro de Asturias aparece algún caso (en Laviana se habla de cuatro maestros temporeros subvencionados, en Ponga también se les daba la denominación de "babianos"). En conjunto podría sumar un centenar de unidades escuela que tenía una gran importancia pues, aunque practicaran una subescolarización evidente, llegaban a zonas difíciles y alejadas condenadas a una crónica marginación.
15. CANELLA SECADES, F. Historia de la Universidad p 436
16. ONIEVA, A.J. describe la feria de maestros de Gera en su novela Entre montañas donde reivindica la labor social y cultural del maestro rural. Ver también LUIS BELLO: Viaje por las escuelas de Asturias. Gijón 1985, p 59
17. CIPOLLA, C: Educación y desarrollo en Occidente, Barcelona, 1983, p.36
18. Libros y Actas del Pleno y de la Permanente Municipal de 1923 a 1926, A.M de Cangas de Narcea..
19. Informe sobre el estado de la enseñanza en Partido Judicial de Cangas de Tineo. Breve memoria de acuerdo con la R.O. de 28 de agosto último, por el Inspector de Primera Enseñanza Eduardo de Fraga, Oviedo, 1924 p.3 A.G.A. (M.E.C.), LEGAJO 16.755/27
20. El Magisterio Nacional, 29 de abril de 1933



